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martes, 23 de abril de 2013

En honor a José Antonio



José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, tercer marqués de Estella nació en Madrid el 24 de abril de 1903 y murió en Alicante el 20 de noviembre de 1936 fue un abogado y político español, hijo primogénito del dictador Miguel Primo de Rivera y fundador y líder del partido Falange Española. Fue condenado y finalmente ejecutado por conspiración y rebelión militar contra el gobierno de la II República durante los primeros meses de la Guerra Civil Española.


Su imagen fue honrada durante la Guerra Civil Española y la dictadura franquista como icono y mártir al servicio de la propaganda del instaurado "Movimiento Nacional." Su muerte fue silenciada en el bando nacional durante dos años, recibiendo el apelativo de El Ausente. Terminada la guerra su nombre encabezó todas las listas de fallecidos de dicho bando, llegándose a poner la inscripción "José Antonio ¡Presente!" en la gran mayoría de las iglesias españolas. Es el único líder político de su período al que se conoce exclusivamente por su nombre de pila.




"España no se justifica por tener una lengua, ni por ser una raza, ni por ser un acervo de costumbres, sino que España se justifica por su vocación imperial para unir lenguas, para unir razas, para unir pueblos y para unir costumbres en un destino universal; que España es mucho más que una raza y mucho más que una lengua, porque es algo que se expresa de un modo del que estoy cada vez mas satisfecho, porque es una unidad de destino en lo universal".

Discurso en el parlamento, 30 de noviembre de 1934.


TESTAMENTO DE JOSÉ ANTONIO: 


Testamento que redacta y otorga José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, de treinta y tres años, soltero, abogado, natural y vecino de Madrid, hijo de Miguel y Casilda (que en paz descansen), en la Prisión Provincial de Alicante, a dieciocho de noviembre de mil novecientos treinta y seis.

Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia.

Me acomete el escrúpulo de si será vanidad y exceso de apego a las cosas de la tierra el querer dejar en esta coyuntura cuentas sobre algunos de mis actos; pero como, por otra parte, he arrastrado la fe de muchos camaradas míos en medida muy superior a mi propio valer (demasiado bien conocido de mí, hasta el punto de dictarme esta frase con la más sencilla y contrita sinceridad), y como incluso he movido a innumerables de ellos a arrostrar riesgos y responsabilidades enormes, me parecía desconsiderada ingratitud alejarme de todos sin ningún género de explicación.




No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca de lo que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra que, aun después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendernos y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención entre la saña de un lado y la antipatía de otro. Que esa sangre vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos.

Ayer, por última vez, expliqué al Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé, aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más, observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban, primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: "¡Si hubiésemos sabido que era esto, no estaríamos aquí!" Y, ciertamente, ni hubiéramos estado allí, ni yo ante un Tribunal popular, ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos.

A esto tendí, y no a granjearme con gallardía de oropel la póstuma reputación de héroe. No me hice responsable de todo ni me ajusté a ninguna otra variante del patrón romántico. Me defendí con los mejores recursos de mi oficio de abogado, tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad. Quizá no falten comentadores póstumos que me afeen no haber preferido la fanfarronada. Allá cada cual. Para mí, aparte de no ser primer actor en cuanto ocurre, hubiera sido monstruoso y falso entregar sin defensa una vida que aún pudiera ser útil y que no me concedió Dios para que la quemara en holocausto a la vanidad como un castillo de fuegos artificiales. Además, que ni hubiera descendido a ningún ardid reprochable ni a nadie comprometía con mi defensa, y sí, en cambio, cooperaba a la de mis hermanos Margot y Miguel, procesados conmigo y amenazados de penas gravísimas. Pero como el deber de defensa me aconsejó, no sólo ciertos silencios, sino ciertas acusaciones fundadas en sospechas de habérseme aislado adrede en medio una región que a tal fin se mantuvo sumisa, declaro que esa sospecha no está, ni mucho menos, comprobada por mí, y que sí pudo sinceramente alimentarla en mi espíritu la avidez de explicaciones exasperada por la soledad, ahora, ante la muerte, no puede ni debe ser mantenida.
 





Otro extremo me queda por rectificar. El aislamiento absoluto de toda comunicación en que vivo desde poco después de iniciarse los sucesos sólo fue roto por un periodista norteamericano que, con permiso de las autoridades de aquí, me pidió unas declaraciones a primeros de octubre. Hasta que, hace cinco o seis días, conocí el sumario instruido contra mí, no he tenido noticia de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los periódicos que las trajeron ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora, declaro que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo: el que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento insurreccionar con "mercenarios traídos de fuera". Jamás he dicho nada semejante, y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal, aunque el declararlo no me favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a España en Africa heroicos servicios. Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange.

Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia.

Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual, paso a ordenar mi última voluntad en las siguientes.



 Os dejo el uno de los mejores discuros de José Antonio.

martes, 9 de abril de 2013

Apoyos en la Guerra Civil

Legión Condor fue el nombre dado a la fuerza de intervención mayoritariamente aérea que el III Reich envió en ayuda de las fuerzas del general Franco para luchar en la Guerra Civil Española. Adolf Hitler, canciller alemán, a sugerencia del jefe de la Luftwaffe, Hermann Göring, y con la intención de probar el arma aérea alemana en una guerra convencional, ofreció a Franco de forma secreta apoyo aéreo para su ejército terrestre. Esta ayuda consistió en apoyo logístico, transporte de tropas, suministros, carros de combate (sobre todo Panzer I) y artillería, creándose la primera escuela de carros de combate, bajo el mando del coronel del ejército alemán Wilhelm von Thoma, en el Castillo de las Arguijuelas de Arriba en las cercanías de la ciudad de Cáceres.


La intervención alemana en la Guerra Civil permitió a Hitler mejorar la calidad de sus aparatos y reparar los defectos de su arma aérea, preparándola para la ofensiva mundial que Hitler estaba planeando. Un ataque normal podía consistir en un vuelo previo de toma fotográfica. A continuación los bombarderos (unos 80 Junkers y Heinkel alemanes en 1936) eran custodiados por cazas italianos y más aviones de captura fotográfica. La precisión de sus bombas era sorprendente y revela un estudio detallado de los objetivos. Con el tiempo, se demostró como una de las piezas elementales en la victoria de Franco.

File:Goeringcaptivity2.jpg Hermann Wilhelm Göring (Rosenheim, 12 de enero de 1893 – Núremberg, 15 de octubre de 1946) fue un destacado político y militar alemán, miembro y figura prominente del Partido Nazi, lugarteniente de Hitler y comandante supremo de la Luftwaffe.





Mussolini y Hitler ayudaron a Franco
Italia fue la primera nación que intervino activamente en la guerra civil española. Mussolini estaba interesado en ayudar a los nacionalistas españoles porque pretendía convertir a Italia de nuevo en una nación "Grande, respetada y temida" y pensaba que el mejor medio para conseguirlo era expandiendo el fascismo por Europa.

El apoyo de Italia al nacionalismo español, comienza ya desde 1934 mediante soporte financiero a agrupaciones profascistas y monárquicas, con la intención de hacer caer la segunda república.

Pero las intenciones de Mussolini apoyando a España no se quedaban sólo en extender el fascismo por Europa. También intentaba reforzar el peso político y, sobre todo, militar, de Italia en el Mediterráneo. Pretendía contrarrestar la hegemonía inglesa en el paso del Mediterráneo y disminuir la influencia francesa en África del Norte. Además, combatiendo el comunismo en España, Mussolini deseaba estrechar lazos con Alemania e impresionar Hitler con el potencial militar de la Italia fascista.


La implicación de Italia en la guerra civil española.

La implicación de Italia en la guerra civil española se basó en diferentes frentes.

Los días siguientes a la insurrección nacionalista, los generales nacionalistas pidieron ayuda a los regímenes fascistas de Alemania y de Italia. Franco no podía desplazar sus tropas desde Marruecos hasta España porque el Estrecho estaba bloqueado por el ejercito republicano, por lo que pidió ayuda a Mussolini para organizar un transporte aéreo de sus tropas hasta la Península Ibérica.

Mussolini esperaba que con su asistencia, la guerra se acabara rápidamente y que Italia sacaría importantes ventajas de la victoria fascista en España a costes despreciables. Contrariamente a sus expectativas, la resistencia Republicana se mostró más fuerte de lo previsto y Mussolini se vio obligado a enviar cada vez más material de guerra a España para evitar el fracaso de la rebelión.

Oficialmente, Italia estaba atada por el tratado de no intervención que firmó junto al resto de países europeos, a no intervenir en la Guerra Civil. Por eso, Mussolini negó, durante todo el conflicto, toda implicación departe de Italia.


lunes, 8 de abril de 2013

¿Qué es el franquismo?





El franquismo es el término que se refiere a la ideología política y movimiento social de corte fascista que sirvió de apoyo y sustento al régimen dictatorial surgido en España durante la Guerra Civil entre 1936 y 1939, y que liderado por el general Francisco Franco Bahamonde, continuó hasta su muerte en 1975.

 El general Franco ante el desfile del 14 de mayo de 1939, el día de la victoria nacional sobre las tropas republicanas. Dicho desfile se hizo ese día, considerado el día d ela vistoria, pero, desde el primer año de la dictadura hasta el último se celebraba el 1 de abril de todos los años.












Fue investido como jefe supremo del bando sublevado el 1 de octubre de 1936, ejerciendo como jefe de Estado de España desde dicho y como jefe de Gobierno entre 1938 y 1973. Fue líder del partido único Falange Española Tradicionalista y de las JONS, en el que se apoyó para establecer un régimen fascista en sus comienzos, que más tarde derivaría en una dictadura, conocida como franquismo, de tipo conservador, católico y anticomunista. Este cambio se debió a la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Aglutinó en torno al culto a su persona diferentes tendencias del conservadurismo, el nacionalismo y el catolicismo opuestas a la izquierda política y al desarrollo de formas democráticas de gobierno.



Términos importantes a tener en cuenta:  
  •  FET y de las JONS: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional y Sindicalista. Fue el partido único de la España franquista creado el 19 de abril de 1937, producto de la unificación de FET de las JONS, los tradicionalistas Carlistas y el resto de fuerzas políticas que apoyaron la sublevación militar (Alzamiento Nacional) que inició la Guerra Civil Española. Mediante el decreto que materializaba la unificación, Franco se erigió en su Jefe Nacional.  
  • Fascismo: El fascismo es una ideología y un movimiento político que surgió en entre 1918-1939. El proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista,  mientras su base intelectual plantea la sumisión de la razón a la voluntad y la acción, aplicando un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas o revanchistas que conducen a la violencia ya sea de las masas adoctrinadas o de las corporaciones de seguridad del régimen contra los que el Estado define como enemigos por medio de un eficaz aparato de propaganda, aunado a un componente social interclasista, y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas), lo que no impide que habitualmente diferentes enfoques ideológicos proporcionen diferentes visiones del fascismo. Se opone radicalmente a la democracia liberal en crisis, como a las ideologías del movimiento obrero tradicional en ascenso.  
  • Anticomunismo: El anticomunismo es una corriente ideológica históricamente opuesta de manera activa al comunismo. Históricamente, la palabra «comunismo» ha sido usada para referirse a varios tipos de organización social y sus partidarios, pero, desde mediados el siglo XIX, la corriente dominante del comunismo en el mundo ha sido el marxismo. El comunismo marxista consiguió muchos más seguidores y oponentes que todas las demás formas de comunismo juntas. Así mismo, el término «anticomunismo» se emplea principalmente para referirse a la oposición activa a tal movimiento político.